jueves, 18 de marzo de 2010

La fórmula de la involución de la actividad minera: +DESTRUCCIÓN -VALOR AGREGADO –OCUPACIÓN

Quienes viven en Tandil y están atentos al discurso de los distintos actores sociales que han tomado cartas en el asunto de la problemática de las sierras, saben perfectamente que en el caso de los empresarios canteriles, el argumento está dotado de un denominador común: el supuesto aporte que hace la actividad a la ciudad en que se instalan. Y esto no sólo en la aún Ciudad de las Sierras, sino en todo punto en el país en que la minería ha echado raíces.
La actividad minera fue muy importante a fines del Siglo XIX y principios del XX, lo cual es indiscutible, dado que Tandil no contaba con la posibilidad de elegir entre tantas actividades como las que existen en la actualidad. Según datos del historiador lugareño Hugo Nario, en el año 1913, que se circunscribió a la historia como el de mayor producción en la época de auge de la actividad, se produjeron 410.872 toneladas en el año y los trabajadores de las canteras eran más de dos mil. La realidad actual es extremadamente distinta a aquellos primigenios tiempos: se estima que las canteras de todo el partido sacan más 1.800.000 toneladas al año y los trabajadores son, aproximadamente, 150 en su totalidad. 
Esto significa que, por cada puesto de trabajo que se creaba en el año 1913, había que sacar alrededor de 200 toneladas/año, mientras que en pleno siglo XXI, más de 18.000 toneladas/año; o sea 90 veces más.


Se trata de un promedio general, sin negar las diferencias que existen entre las situaciones particulares de cada cantera, pero la tendencia general es a reducir la cantidad de trabajadores y aumentar la cantidad de piedra extraída. 


Año 1930 y crisis mundial. La demanda de adoquines bajó y fue lo que coronó el declive de la actividad. Las pocas empresas que quedaron radicadas en Tandil empezaron a mecanizarse para la molienda de piedra y así vender productos con menor valor agregado. Los picapedreros, en su mayoría, no sólo se quedaron sin trabajo, sino que se vieron inevitablemente volcados hacia una emigración forzada, que los colocó en las proximidades de Mar del Plata, en otro tipo de canteras, para trabajar en la piedra de construcción de ese nombre. 
En la tierra de las sierras y los salamines, la actividad fue perdiendo importancia con relación a otras actividades (como por ejemplo el turismo) y se comporta de manera cíclica, esto es, con períodos en que cesa o disminuye y otros en que aumenta la extracción (siguiendo los ciclos de la demanda, básicamente de la construcción de Obras Públicas). Sin embargo, aún aumentando el nivel de actividad, cada día se ocupa menos gente y destruye más. 
Para dar una idea gráficamente acabada sobre el cambio productivo del que estamos versando, a través del estudio de los Informes de Impacto Ambiental presentados por las empresas mineras, con la información que ellas mismas proporcionan,  la explotación actual estaría arrancando de las sierras el equivalente a 1 una piedra movediza cada hora y media, 16 por día y 500 por mes. Debe tenerse en cuenta que se trata de datos desactualizados y no completos, de hace más de 10 años de antigüedad (Informe de Impacto Ambiental de Carba S.A.C.I.F. en 1998) y sesgados por las “precisiones” oficiales de las firmas.

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